Este texto nace de una conversación real que tuve colaborando con San, donde nos preguntamos algo que seguro tú también te has dicho después de comprar boletos:
“¿De verdad acabo de gastar esto en un concierto?”
Spoiler: tal vez no fue una mala decisión.
Durante años nos han repetido el mismo discurso:
que los millennials y la Gen Z no ahorran, no invierten y viven gastando en cosas innecesarias.
Pero cuando empezamos a revisar datos, contexto y experiencia colectiva, la historia cambia.
La realidad incómoda: no es irresponsabilidad, es prioridad
Las generaciones jóvenes gastan más que nunca en experiencias, especialmente en conciertos.
No porque no entiendan el valor del dinero, sino porque entienden algo mucho más crudo:
👉 el futuro ya no se siente garantizado.
Comprar una casa parece inalcanzable.
Hablar de retiro suena lejano.
Pero un concierto es inmediato, emocional y real.
Como lo platicábamos San y yo, no es que no pensemos en el futuro…
es que el futuro dejó de sentirse como una promesa sólida.
El boom del gasto en conciertos (aunque todo esté carísimo)
En los últimos cinco años, el precio promedio de los boletos subió más del 40 %.
Aun así, 2024 rompió récords históricos de asistencia a conciertos en vivo.
En México lo vimos claro:
- Vive Latino con más de 160 mil asistentes
- Corona Capital superando los 225 mil
- Boletos generales entre $1,500 y $3,000
- VIP que ya parecen renta mensual
Y aun así… seguimos comprando.
Entonces, ¿estamos malgastando?
Tal vez no.
Tal vez estamos invirtiendo emocionalmente.
El concierto se volvió un refugio:
un espacio donde perteneces,
donde cantas con desconocidos que sienten lo mismo,
donde por un par de horas la ansiedad se pausa.
Como decía San, no es estatus.
No es moda.
Es conexión.
El lado incómodo del fenómeno
Claro, también hay grietas:
los precios suben más rápido que los sueldos,
las boleteras abusan,
PROFECO ha tenido que intervenir,
y la cultura empieza a sentirse inaccesible para muchos.
Pero aun con todo eso, la gente sigue pagando.
Porque cuando todo es incierto, sentir algo auténtico se vuelve un acto de resistencia.
Entonces… ¿los conciertos nos están dejando en la quiebra?
Tal vez financieramente, un poco.
Pero emocionalmente, nos están dejando recuerdos, comunidad y sentido.
Y en una época donde el futuro no promete tanto,
cantar a todo pulmón sigue siendo una de las pocas cosas que sí.
Ahora dime tú:
👉 ¿alguna vez te has endeudado por un concierto?
👉 ¿crees que gastar en experiencias vale más que ahorrar para un futuro incierto?
Te leemos. 🎶💸✨
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