HISTORIA, CULTURA, MÚSICA Y REFLEXIONES

¿Pensamiento libre o inteligencia artificial? El verdadero costo de ChatGPT

Esta es, probablemente, mi teoría más conspirativa sobre ChatGPT.

Vivimos en una época donde esta herramienta —aunque no sea 100% gratuita— es de fácil acceso y se ha convertido rápidamente en algo casi indispensable. La usamos para trabajar, estudiar, crear, resolver problemas… incluso para pensar mejor.
Pero, ¿qué tanto nos hemos detenido a reflexionar sobre la información que le estamos entregando?

Porque tal vez el precio real que estamos pagando no es económico, sino mucho más caro: el pensamiento libre.

Si tienes el poder de entender qué mueve a la mente colectiva, puedes influir en ella con mayor facilidad. Persuadir, dirigir, anticipar. Claro, esto es solo una teoría… pero vale la pena preguntarse: ¿qué tan lejos estamos de eso?

Cuando el dato deja de ser neutro.

Hace algunos años trabajé en análisis de datos para empresas. Ahí entendí algo clave: los datos no solo describen comportamientos, los moldean. Influyen directamente en los hábitos de compra, consumo y toma de decisiones.

Y eso me llevó a preguntarme:
¿Por qué una herramienta tan poderosa, tan funcional como ChatGPT, es de dominio público y aparentemente gratuita?

Hoy, su uso es cotidiano entre millennials y centennials. Y ya no se trata solo de hacer tareas o resolver dudas técnicas. Existen estudios que muestran que muchas personas lo utilizan como soporte emocional, como espacio de desahogo, reflexión o acompañamiento.

Aquí es donde la conversación se vuelve incómoda.

Estamos vaciando información vital: miedos, dudas, frustraciones, deseos, pensamientos íntimos. Todo queda almacenado en bases de datos dentro de un software.
¿A qué voy con esto?

Orwell no estaba tan lejos.

George Orwell, en 1984, decía que la última libertad que le queda al ser humano es la libertad de pensamiento. Cuando esa se pierde, todo lo demás cae por inercia.

Hoy vivimos en lo que muchos llaman una modernidad líquida: todo es inmediato, adaptable, desechable. Nuestro celular sabe más de nosotros que muchas personas cercanas… pero no nos asusta, porque no nos responde. No nos escucha. No nos calma.

ChatGPT sí.

Y ahí está la diferencia.

Por primera vez existe una entidad que no solo sabe qué hacemos, sino qué pensamos como mente colectiva. Qué nos deprime, qué nos entusiasma, qué nos preocupa, qué nos atrae, qué nos interesa. Y con esa información, la manipulación masiva deja de ser ciencia ficción y se vuelve una posibilidad técnica.

La pregunta incómoda es inevitable:
¿Crees que toda esta información se usará para acabar con la hambruna mundial… o para vendernos mejor lo que ya consumimos?

Cuando algo es gratis, el producto eres tú.

El análisis de datos siempre ha influido en los hábitos de consumo. No es nuevo. Lo nuevo es el nivel de profundidad emocional al que estamos llegando.

Porque cuando algo es gratis, el producto no es la herramienta: eres tú.
Tus ideas. Tus pensamientos. Tu manera de ver el mundo.

Y tal vez, sin darnos cuenta, el precio más alto que estemos pagando no sea el tiempo, ni la privacidad, ni el dinero… sino la capacidad de pensar por nosotros mismos sin intermediarios.

No digo que ChatGPT sea el enemigo.
Digo que el verdadero riesgo no está en la tecnología, sino en renunciar al pensamiento crítico a cambio de comodidad.

Como dije al inicio, es solo una teoría.
Pero si algo vale la pena proteger en esta era, es la libertad de pensar sin que alguien más nos diga qué pensar.

¿Tú qué opinas?

LEE MÁS: Ser libre y disruptiva: lo que gané y lo que aprendí

Deja un comentario