HISTORIA, CULTURA, MÚSICA Y REFLEXIONES

¿Qué significa tener “buen gusto musical”?

Decir que alguien tiene “buen gusto musical” suena, a primera vista, como un halago. Pero si lo pensamos con más calma, también puede esconder una pregunta incómoda:
¿quién decide qué es buen gusto y qué no?

La realidad es que no existe una definición universal de “buen gusto”. Lo que para una persona es refinado, profundo o emocionante, para otra puede resultar pretencioso, aburrido o simplemente irrelevante. El gusto musical no es una verdad absoluta: es una construcción que se forma con el tiempo, la experiencia y el contexto.

El gusto musical no nace, se construye.

Muchas veces creemos que el gusto es algo innato, como si algunas personas “supieran” de música y otras no. Pero en realidad, el gusto se desarrolla a partir de múltiples factores que influyen en cómo escuchamos, interpretamos y valoramos lo que suena.

Estos son algunos de los elementos que más peso tienen en esa construcción:

  1. Contexto social y cultural

La música no existe en el vacío. Crece dentro de un contexto social, político y cultural.
Lo que se considera buen gusto en un país, una generación o una escena específica puede ser completamente distinto en otra.

Por ejemplo, géneros que antes eran vistos como “menores” o “populares” —como el reguetón, el regional mexicano o el hip hop— hoy son objeto de análisis académico y reconocimiento internacional. El gusto cambia porque la cultura se mueve.

  1. Educación musical (formal o informal)

Conocer la historia de la música, entender géneros, subgéneros, influencias y procesos creativos suele ampliar el criterio. No se trata de saber más para sentirte superior, sino de escuchar con más herramientas.

Cuando entiendes de dónde viene un sonido, por qué se hizo así o qué buscaba expresar, tu relación con la música se vuelve más profunda, incluso si no es algo que escucharías todos los días.

  1. Diversidad en la escucha

Escuchar siempre lo mismo no es malo, pero limitarte a un solo género puede cerrar tu percepción.
Muchas veces, lo que llamamos “buen gusto” está relacionado con la capacidad de apreciar distintos estilos, aunque no todos te encanten.

La apertura musical habla de curiosidad, sensibilidad y disposición a descubrir. No se trata de que te guste todo, sino de poder reconocer valor más allá de tus preferencias personales.

  1. Narrativa personal y emocional

La música también es memoria. Canciones que nos acompañaron en momentos importantes, que marcaron una etapa o que nos ayudaron a procesar emociones suelen ocupar un lugar especial en nuestro gusto.

Por eso, descalificar la música de alguien es, en muchos casos, descalificar su historia. El gusto musical no solo se escucha: se siente y se recuerda.

Entonces… ¿existe el “buen gusto”?

Más que un estándar fijo, el buen gusto musical podría entenderse como una combinación de curiosidad, contexto y respeto. No se trata de escuchar lo “correcto”, sino de escuchar con intención, apertura y conciencia.

Tener buen gusto no es escuchar música “difícil” o “intelectual”. Tampoco es saber nombres raros o coleccionar vinilos. Es permitirte explorar, cuestionar, disfrutar y reconocer que la música cumple distintas funciones en la vida de cada persona.

Al final, el mejor gusto musical es el que no necesita validación externa. El que te acompaña, te mueve y te conecta. Porque la música, antes que un símbolo de estatus, es una experiencia profundamente humana.

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